Tras 4 semanas deambulando de planeta en planeta de la región de Metropolis, la fortuna me sonrió por primera vez en mucho tiempo.
Hacía no mucho habia adquirido un destructor clase Catalyst. La nave la compré a un precio muy razonable a un cazarrecompensas Minmatar que no sabia que hacer con ella tras capturar al antiguo piloto y arrancarle la cabeza; cito sus palabras textuales: "Puedes quedarte ese montón de chatarra federada, no vale ni para fundirla y hacer munición para mis cañones automáticos" Lo que no sabía aquel Minmatar es que la basura de unos es oro para otros, y con ese Catalyst y unos cuantos dias de minería intensiva pude reunir el dinero suficiente para comprar mi primera nave Industrial, una Iteron Mark III.
Tras hablar con algunos contactos que habia conseguido hacer en la región de Metropolis, conseguí cierta información interesante sobre un sector poco explotado comercialmente, Las Tierras Sombrías, tambien conocida con el nombre de The Bleak Lands. La gran escasez de efectivos de CONCORD y la actividad pirata no favorecian para nada el comercio, pero los beneficios que alli me aguardaban eran demasiado tentadores como para no intentarlo. Mi hogar durante casi un mes fue aquella región desolada y devastada por los saqueos, y la tarea de cada día era asegurarme de que mis equipos estabilizadores de motores de salto estuviesen a punto cuando el proximo pirata intentase bloquearme en la proxima puerta espacial.
Poco a poco, Las Tierras Sombrías no era un lugar tan horrible como yo lo recordaba cuando llegué alli. Puede que fuese en parte por mi labor, puede que fuese porque los piratas no hostigaban con tanta dureza la región en esa época. Las ventajas de trabajar en aquella zona eran evidentes: escasa competencia y unos margenes de beneficios increibles, pero el riesgo empezó a ser demasiado grandes cuando los piratas habituales de la zona volvieron de donde fuera que estuviesen y empezaron a notar mi presencia. Tras la destruccion de mi Iteron Mark III en un asalto brutal en el sistema Uusanen del cual apenas conseguí saltar con mi capsula de escape, me retiré al sistema Kooma, uno de los pocos de la región que era lo bastante seguro como para esconderme una temporada y esperar a que pasase la tormenta. El dinero que habia ahorrado me bastaría hasta tener una nueva oportunidad de salir a explorar EVE.
Mi retiro duró casi 4 meses, en los cuales pude ver una vez más a Las Tierras Sombrías tal y como las recordaré siempre, un paraje donde la soledad y la muerte son los únicos pilotos que uno puede encontrar.
13 de julio de 2008
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