15 de julio de 2008

Una Travesía por el Imperio

Siempre recordaré el momento en el que el ordenador de a bordo anunció que estaba en proceso el salto espacial con el que debajaba atrás el sistema Kamela, en Las Tierras Sombrias, pasando al espacio bien protegido de la región de Devoid y más tarde atravesando el centro del Imperio Amarr por la región de Domain. El fin de la ruta planificada era el sistema Tendhyes, en la constelación Sanair de Tash-Murkon.

El viaje que realicé en mi nueva Iteron Mark IV fue muy tranquilo y rapido, y al no llevar carga alguna evité problemas con las patrullas fronterizas Amarr que permanecían atentas a todo el tráfico mercante saliente de Las Tierras Sombrías, ya que había multitud de mercancias ilegales que se enviaban desde esa región al resto de EVE.

Mi llegada al dominio de la familia Tash-Murkon no fue lo que esperaba tras mi viaje por toda la región de Domain. Durante mi viaje pude ver muchisimo trafico en todas y cada una de las plataformas espaciales y puertas espaciales del trayecto, tanto militar como civil, un entorno en constante cambio y continuo movimiento que sorprendía por lo vivo que estaba. Sin embargo, al llegar a Tendhyes me di cuenta de lo escasamente habitada que estaba la zona, contanto con tan solo una pequeña fabrica espacial perteneciente a la Corporación Kaalakiota donde FEISA habia organizado su cuartel general.

La solicitud de atraque en la fábrica espacial no tardó demasiado en cursarse ya que el tráfico de la plataforma era bastante reducido en ese momento. El muelle de atraque que me asignaron era mucho más grande de lo que le correspondía a una Iteron Mark IV, había suficiente espacio como para dos cruceros y varias fragatas más, sin embargo los hangares eran individuales, lo que me hacía suponer que no había muchas naves de grandes dimensiones por la zona.

Salí de los módulos de atraque y me dirigí a las oficinas corporativas de la estación. Unos pocos minutos más tarde me encontraba frente a la puerta de FEISA. Respiré profundamente, cerré los ojos y llamé a la puerta; solo fui capaz de abrir los ojos cuando una agradable voz me invitó a pasar mientras el sistema mecánico de la puerta chasqueaba y ésta comenzó a abrirse lentamente.